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Kevhand Alerteyes.
Organización Elite de Galifar
Hogar Talenta Plains
Sexo Hombre
Alignment -
Race Halfling
Nacimiento -
Muerte -
Age 20
Class
D&D Essential ed. rules
Mivel 4 - Ladron
Paragón -

Source: Character Builder Upd:03-2012, p. -

HistorialEditar

Dicen que en cada generación nace uno que está dispuesto a enfrentar los convencionalismos sociales y desafiar los preconceptos de su sociedad, son los nacidos con la marca de la grandeza en su frente. No es por alardear, pero a mí me tocó ser uno de tales individuos. Nacido en las llanuras de Talenta, a muy temprana edad demostré una predisposición para el aprendizaje de las tareas más complejas superando rápidamente a mis maestros. Mi padre y mi madre eran de esos raros halflings que decidieron abandonar las infinitas arenas de Talenta y sus tradicionales caminos por la vida en la ciudad, mi padre se especializo en la cerrajería y mi madre sentía una afición muy grande por la relojería y el trabajo con gemas. Desgraciadamente, las cosas no son siempre buenas y al poco tiempo de quedar mi madre embarazada de mi, mis padres se vieron amenazados y perseguidos por algunos intolerantes que careciendo de la habilidad de mis padres tuvieron que recurrir a engaños y mentiras para quitarles su trabajo y sus clientes, llegando finalmente a dejarlos en la quiebra y obligados a retornar a su hogar, porque todo halfling, en cualquier parte del mundo en que este, sabe que las arenas infinitas de Talenta siempre están dispuestas a recibir a sus hijos. Mi madre siempre bromea que mi carácter quedo marcado por estas primeras impresiones, ya que en el vientre de mi madre recorrí el largo camino desde Cyre y nací en el camino, por lo que mi espíritu no perteneció nunca a ningún lugar especifico. No todo fueron rosas para mis padres al volver a su vieja tribu, desgraciadamente los cerrajeros y las joyeras no tienen mucha utilidad en una sociedad nómade como la nuestra y así fue como mis padres debieron adaptarse a su nueva situación, mi padre cambio las herramientas de precisión por la herrería básica y mi madre cambio el trabajo de finura por el arreglo de arneses para las monturas.

Alerteyes2

Kevhand Alerteyes

Mientras, yo crecía, con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes, con un entusiasmo y una rapidez que no se correspondían con la visión más bien básica del resto de los niños de mi edad. Ellos no entendían mi interés por las cosas y su funcionamiento y yo encontraba aburrido su constante batallar para ser el macho alfa del grupo. Así fue como poco a poco me fueron dejando de lado, lo cual es terrible para la mayoría de los habitantes de las tribus que dependen tanto el uno del otro como de sus propias habilidades. Por supuesto, eso no representó ninguna dificultad para un joven de mi inteligencia y perspicacia. Poco a poco fui aprendiendo un poco de todos los adultos de la tribu, de mis padres aprendí el arte de la cerrajería y el trabajo con mecanismos complicados y delicados de mi madre. De mi abuelo y mis tíos aprendí a defenderme y plantar cara a los abusones barbáricos que siempre querían hacer una demostración de habilidad dándome una golpiza. Nunca destaque por mi fuerza física o mi capacidad de resistir el castigo, pero mi tía Hielvane me enseño como trasladar mi rapidez de pensamiento a mis reflejos y como encontrar el punto perfecto donde golpear en cada combate. Mi tía era la única mujer de mi familia que se aventuraba como exploradora de la tribu, fue mucho lo que me enseño en esos años de formación.

Pero la historia de los hombres como yo no está destinada a ser tranquila ni sencilla, pues es en el conflicto en donde nuestra capacidad para sobresalir sobre el común de las personas se hace manifiesta. He mencionado como los demás niños me apartaban de sus juegos y con el tiempo llegaron a ignorarme. Todos excepto una niña, Fahella. Fahella era hija de una familia muy amiga de la mía, principalmente debido a que su historia era muy similar. También ellos habían abandonado la vida en la tribu para vivir en la ciudad y se habían visto obligados a regresar. Fahella era muy distinta a mí, ella no tenía mi interés en la vida ni mi espíritu aventurero, pero lo compensaba de sobra con un candor y una firmeza de carácter que la hacían más que interesante para una persona como yo. Por supuesto que su simpatía hacia mi le costó mucho sufrimiento a nivel de su grupo de amigos, por eso yo decidí que nos viéramos solo por las noches, cuando los demás dormían. Así, en compañía de Fahella descubrí el poder de la noche y, de a poco, mis horarios se fueron cambiando y permanecía despierto hasta que el sol se levantaba sobre las llanuras infinitas de Talenta. Pero me estoy yendo por las ramas, hablaba de Fahella, y de cómo su compañía era lo único que realmente me ataba a la vida en la tribu. Un día como cualquier otro, estábamos paseando por las llanuras iluminados por la luz de la luna cuando ella se volvió y, mirándome fijamente con toda la fuerza de sus ojos me dijo. -Kev, te has dado cuenta como ha pasado el tiempo? Como hemos crecido?- Sinceramente, mi cabeza estaba en otra cosa, pero fue en ese momento cuando vi a Fahella, quiero decir que REALMENTE la vi. Bueno, no los aburriré con los detalles de esa noche, baste decir que a partir de ese momento pasamos a ser mucho más que compañeros de aventuras. Ya no éramos niños, pero todavía pensábamos que estaríamos a salvo de los reveses del destino. Una noche, Fahella y yo paseábamos tranquilamente cuando oímos ruidos detrás de unos arbustos. Picados por la curiosidad, nos asomamos apenas para llegar a ver como Halpum, el hijo de nuestro Lath se cernía sobre el cuerpo de una joven halfling a quien reconocí como la hija de Herdlam, el herborista de la tribu, una muchacha de una belleza etérea que había enamorado a todos los hombres de la tribu. La escena era confusa, pero todos conocíamos el temperamento de Halpum, eran muy pocos los que se atrevían a encender la cólera del feroz muchacho. Sin embargo, ver el cuerpo de esa muchacha a los pies de semejante bruto nubló mis sentidos y mi capacidad de evaluar las situaciones. Sin pensarlo, me arrojé sobre la montaña de músculos de Halpum, y comencé a golpearlo con toda la furia de que fui capaz. Bien, obviamente no fue suficiente pues de dos golpes me dejó inconsciente. Claro que, en una situación normal, ambos en igualdad de condiciones no le hubiera resultado tan sencillo. Pero yo no era capaz de utilizar todas mis habilidades ni mi razonamiento. Pero dejemos ahí ese tema. Cuando logre volver en mi, ya era de día y yo me encontré en la situación mas incomoda que puedo recordar. Me encontraba atado de pies y manos en el medio del campamento, mis ropas estaban cubiertas de sangre y mi rostro era una máscara entumecida. Erguido sobre mí, Halpum peroraba ante los adultos reunidos explicándoles como supuestamente me había encontrado intentando... bueno, fue sin duda la acusación más horrible de todas las falsas acusaciones que me han hecho en mi vida. Intente hablar, defenderme, pero mi mandíbula esta desencajada y me dolía terriblemente. Solo podía ver indefenso como los adultos debatían y finalmente llegaban a un veredicto, el crimen era demasiado horrendo como para imponerme el ostracismo, por lo tanto, esa misma noche debería morir. Recuerdo la desesperación cuando fui arrojado sin ceremonias en una tienda, todavía atado de pies y manos, con la cara cubierta de sangre y lagrimas, recuerdo la furia que me inundaba y como finalmente me dormí, agotado y sin esperanzas. Lo siguiente que recuerdo fue un dolor espantoso, como un relámpago en la base de mi cráneo, y cuando abrí los ojos vi frente mío a Fahella, mi querida Fahella, que me había acomodado la mandíbula de la forma que mejor supo. Fue su expresión de alarma lo que me hizo contener un grito de dolor y alegría. Fahella me explico que había hablado con mi tía Hielvane y habían arreglado mi escape. Al principio no lo entendí, escapar? Pero si yo era inocente, ahora que podía hablar, los adultos escucharían mi defensa! De las sombras fuera de la tienda entro mi tía, la expresión de su rostro me preocupo, no parecía dispuesta al dialogo, corto mis ataduras, me puso en pie y, casi a los empujones, me llevo silenciosamente hasta el circulo exterior del campamento.

Ahí en la oscuridad, los tres solos junto con mi fiel montura escuche a mi tía decirme la realidad, nuestro estimado Lath sabia lo que había pasado en realidad, y no estaba dispuesto a dejar que su hijo arruinara su prometedor futuro como campeón de la tribu y futuro Lath por un error de juventud. Para todos, yo era el chivo expiatoria ideal. Mi destino estaba sellado. La única salida para mí era huir, de inmediato, sin pensar ni mirar atrás. Tomé las cosas esenciales, mi equipo de acampada, las herramientas de cerrajería de mi padre y las herramientas de relojería de mi madre, las pocas armas y pertenencias que me quedaban y algunos libros que había comprado a los mercaderes que a veces nos encontrábamos. Aun recuerdo mis últimos momentos antes de partir, como deseaba decirle a Fahella que viniera conmigo a la ciudad, como deseaba quedarme, la impotencia de esos últimos minutos hasta el día de hoy me ha quedado grabada en el alma. Mi querida Fahella se quitó el collar que siempre tenía alrededor del cuello y lo puso en mis manos, me dio un beso y me dijo: “Esta no será la última vez que nos veamos, se que volverás y limpiarás tu nombre, pero por el momento, huye!” Así fue que sin mirar atrás abandone mi Talenta natal y me dirigí al único lugar en el mundo donde nadie jamás me encontraría. La ciudad de Cyre, donde habían vivido mis padres. El viaje fue largo, y fue mucho lo que vi a lo largo del camino, que en ningún momento fue recto. El destino me llevó a muchos otros lugares antes de depositarme en esta hermosa y terrible ciudad. Y es por eso que decidí unirme a la Elite de Galifar, pronto seré reconocido y estaré seguro, y cuando haya hecho famoso mi nombre volveré a mi tribu y me vengare de las ignominias a las cuales me vi sometido, y me reuniré con mi hermosa Fahella y con mi familia. Así que bueno compañeros, deséenme buena suerte pues mañana he de encontrarme con mi destino!

Así diciendo, el jovial halfling se bajó de la silla en la cual estaba retrepado bebiendo y se dirigió hacia la puerta de la taberna. Los pocos parroquianos que aun permanecían en la taberna lo miraron apáticamente, algunos hasta aliviados de que volviera a reinar el bucólico silencio que tan descaradamente había sido roto por este ruidoso halfling.


TrasfondosEditar

Conocidos en la vidaEditar

Objetos importantesEditar

Completar.

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